El contexto actual ha puesto de relevancia que las empresas y pymes españolas deben disponer de una estrategia digital que les permita diversificar el riesgo ante situaciones tan volátiles como la que estamos viviendo. 

 

Actualmente nos encontramos con una mayor percepción de ciertas realidades:

  • La importancia que tiene la integración de una estrategia online-offline.
  • Una estrategia digital no es una opción, es una necesidad. Y no es alternativa, es fundamental.
  • La constancia y el largo plazo son vitales para la obtención, análisis y mejora de resultados.

Digital es comprender, empatizar, saber dónde optimizar.

 

¿Por qué es importante establecer una estrategia digital?

La estrategia digital es esencial en la fase previa a ejecutar cualquier plan de acción digital. ¿En qué punto nos encontramos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué camino seguiremos para llegar hasta allí? Buscar y encontrar respuestas a estos interrogantes es el primer paso.

Antes de ejecutar o hacer un planteamiento previo, debemos hacer una inmersión en la empresa. Ésta debe ir orientada a analizar no sólo cuáles son los objetivos de la empresa, sino cuál es su propuesta de valor, el plan comercial, si dispone de un plan de marketing, un plan de comunicación, una descripción detallada de acciones realizadas, etc.

 

La estrategia digital ha de ser coherente con las necesidades de la empresa

El análisis de todas las necesidades de la empresa nos permitirá construir una estrategia y un plan de acción coherente con la realidad. Si no realizamos este análisis profundo de la situación actual, no propondremos una estrategia equilibrada.

En algunos sectores vemos que las “tiendas físicas” respiran y transmiten esa personalidad de la marca, un valor diferencial y, sin embargo, cuando entran en nuestra tienda online no tienen esa sensación. La coherencia en una estrategia digital integrada con el resto de acciones es básica en la consecución de resultados en el medio-largo plazo.

 

El marketing no tiene sentido sin una estrategia digital

El marketing sin estrategia digital, hoy por hoy, no sirve de nada. Sin trazar una meta y el plan que hemos de seguir para alcanzarla, difícilmente obtendremos éxito en digital, espacio por el que cada vez compiten más empresas. 

Para potenciar nuestra presencia en este cambiante ecosistema, debemos tener clara una premisa: aportar valor en la estrategia es clave para conseguir esos objetivos de negocio. Contribuir con información útil sobre el mercado o la competencia, idear un plan de fidelización de clientes o facilitar la experiencia del usuario en nuestra web son algunos ejemplos. 

 

Las 2 fases de la estrategia digital: análisis y plan de acción

De cara a implementar una estrategia digital coherente y completamente alineada con los objetivos de negocio de la empresa, es importante diferenciar las dos fases de las que consta: una primera de análisis y una segunda de ejecución del plan de marcado.

 

Primera fase: análisis y definición de la estrategia digital

Para entender el negocio a la perfección es necesario llevar a cabo una retrospectiva del mismo, un análisis del contexto y del planteamiento estratégico inicialmente marcado por la propia empresa. 

El estudio de los resultados obtenidos hasta la fecha en el apartado digital así como el de la competencia son claves en este punto, donde también se debe dimensionar un equipo de trabajo y los correspondientes recursos que se ajusten a esos objetivos de la empresa.

Cabe destacar que, aunque el propósito de este primer escenario es la búsqueda de soluciones, es frecuente la detección de oportunidades que nos aporten un nuevo enfoque del proyecto. Contar con capacidad de adaptación y ser flexibles a lo largo de la estrategia es elemental.

 

Segunda fase: aplicación del plan de acción

Según el planteamiento estratégico marcado, han de definirse las prioridades del proyecto. Sobre éstas se cimenta la ejecución de cada una de las líneas de acción.

En función de esas prioridades, deben definirse cuáles son los canales necesarios y cómo vamos a trabajar cada uno de ellos: desarrollo web, contenidos, social media, SEM -posicionamiento pagado-, SEO -posicionamiento orgánico-, analítica, CRO -Conversion Rate Optimization-, técnicas enfocadas a mejorar el rendimiento web según su tasa de conversión- y diseño son algunos de los canales que debemos trabajar. 

 

Cohesionar esas disciplinas de una forma integrada y mantener una visión global, nos permitirá permanecer alineados desde el punto de vista estratégico. En el caso de algunas anteriormente mencionadas como social media, paid y diseño la adaptabilidad y comunicación entre cada uno de los miembros de este equipo ha de ser total; el tono y la voz del copy -el texto en redes sociales- deben ser congruente con la creatividad elaborada y la segmentación del potencial público al que queremos llegar mediante una previa inversión económica.

Especial mención merece, a su vez, la parte SEO, única vía de captación de clientes estable a largo plazo: genera credibilidad al aumentar la visibilidad en los buscadores, cuestión que repercutirá en una mejora de las conversiones y, por tanto, en una optimización de la estrategia digital. Aplicar las técnicas adecuadas en este terreno, al fin y al cabo, se verá reflejado en un crecimiento exponencial de la presencia de la empresa en Internet.

 

Una vez sentadas las bases, por medio de reuniones que posibiliten una comunicación lo más alineada posible y, sobre todo, la medición constante de resultados que saquen el máximo partido a nuestro trabajo, damos forma a los objetivos de negocio. 

 

La medición de resultados, eje de la estrategia

 

La parte analítica nos ayudará a entender el comportamiento de los usuarios y las tendencias relevantes del mercado, lo que nos facultará para actuar en consecuencia para redirigir o reforzar el plan de acción instaurado.

A la hora de medir resultados con el máximo rigor, hemos de definir los KPIs más relevantes en nuestra estrategia (evolución de seguidores, número de interacciones o datos demográficos), llevar a cabo una implementación (cómo se efectúa y qué medios destinamos), un método de visualización (mediante dashboards personalizados) y la presentación de resultados con propuestas de mejora.

 

Las metodologías ágiles facilitan la comunicación en la estrategia digital

 

Para que el intercambio de información sea coordinado, directo y eficiente tanto entre los diferentes miembros del equipo como con el cliente, es imprescindible establecer metodologías ágiles. 

Gracias a ellas podremos adaptar las formas de trabajo a las necesidades del proyecto en el que nos encontremos inmersos, manteniendo control a tiempo real, y una percepción amplia sobre el mismo, facilitando así la toma de decisiones. 

La estrategia y el plan de acción deben estar alineados con el resto de operaciones que se realizan en una compañía para que haya una conexión entre las acciones en la red y el programa de marketing offline. Solo así podrá definirse una estructura íntegra y duradera sobre la que caminar con seguridad.

 

La estrategia digital, al alcance de las pymes

 

Contar con una estrategia digital es una necesidad para el presente y el futuro de las empresas. Alcanzar el éxito en digital pasa por analizar el contexto, diseñar líneas de acción, ejecutarlas bajo una comunicación ágil entre las distintas disciplinas y medir resultados para optimizar el trabajo de éstas.

Para cumplir con sus objetivos, la mayoría de las grandes compañías cuentan con una estrategia digital, algo inviable hasta hace poco tiempo para las pymes. Ahora, gracias a la asignación eficiente de recursos y la integración de disciplinas, ha dejado de ser una utopía para las de menor tamaño.

Si tu empresa -independientemente de su dimensión o sector- aún no cuenta con una estrategia digital, la recomendación es clara: necesita una. ¡Dale forma y sentido a tu proyecto!

“La planificación no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones pendientes”, Peter Drucker.